Sra. María Jesús Conde
Sra. María Jesús Conde

Asesora sobre Derechos de los Niños, Oficina Regional de UNICEF

  Es importante fortalecer la capacidad de las instituciones gubernamentales para dar respuesta a sus compromisos, pero no es menos importante trabajar con la sociedad civil, dotarla de instrumentos para que puedan exigir los derechos y contribuir al establecimiento de una cultura de paz y una convivencia en armonía. Si bien en los gobiernos hay personas con un alto grado de compromiso político, muy voluntad y capacidad, creemos que la sociedad tiene que transformarse desde adentro; no podemos pensar que solamente una acción política del Estado va a producir los cambios. Los cambios se generan desde adentro, en paralelo con las acciones políticas.

  La región centroamericana es sumamente violenta, con una violencia vinculada a la pobreza y    a las disparidades sociales. Pero esa violencia existe desde el Canadá hasta Tierra del Fuego. Hay una tremenda proliferación de armas. En Honduras, entre 1998 y junio del 2002, hubo más de 2.400 muertes violentas de jóvenes. Es una cifra dramática para un país que tiene seis millones de habitantes. No creo que haya una comunidad humana que pueda pagar ese precio.

  La proliferación de la armas de fuego está ligada al tráfico ilegal, sobre todo en Centroamérica. Desde Colombia a México hay un tráfico diario.

  En una visita a un internado de menores infractores pude ver que gran parte de los chicos estaban internados por homicidios. Son niños, no han tenido tiempo de ver la vida, de crecer en el mundo. A los 15 años ya habían matado a alguien, y han matado porque han crecido en ese ambiente de violencia. Le pregunté a una niña: “¿Por qué mataste?”. “Porque me pegaba”, me contestó. Y le pregunté lo mismo a otra niña: “Es que me vino a violar”. Y los chicos en las “maras” se enfrentan a los “mareros” de la banda rival, o matan porque son utilizados como sicarios, para el tráfico de drogas o de armas. Son utilizados y abusados. Esto no sucede sólo en Honduras. Encuentro el mismo fenómeno con distintas dimensiones en todos los países. La explotación sexual de los niños, su utilización en conflictos armados, las peores formas de trabajo infantil, la participación de niños en el crimen organizado. Todo esto está pasando en nuestra región. Y aunque se han hecho muchos avances –porque no vamos a dar una visión alarmista–, subsisten niveles de violencia que no son compatibles con los avances que tenemos.

   ¿Dónde hemos cometido el error, dónde estamos fallando? Los niños que están en un internado, privados de libertad por haber matado, son responsables de sus actos, pero la responsabilidad moral es nuestra, de los adultos que hemos creado este mundo en el que ellos solamente saben resolver los conflictos por medio de la violencia.

  A pesar de la tristeza y de la desesperanza que a veces nos invade, aquí estamos; somos luchadores, y no nos podemos rendir.  Nuestra obligación es poner una semillita cada uno. Y al final veremos qué ha ocurrido; si lo hacemos mancomunadamente probablemente se produzca algún tipo de cambio.

La Oficina Regional de UNICEF ha venido trabajando en América Latina desde 1983. Voy a señalar algunos de los problemas que tenemos pendientes, sobre todo en mi área jurídica, que se van a convertir en retos y en acciones que lleven a conseguir una verdadera protección de los derechos.  Como un ejemplo de las posibilidades de trabajo con instituciones religiosas voy a referirme a acuerdos con el CELAM.

  Estamos trabajando con el con el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en la promoción –o la creación– de ciudadanía, comenzando con la inscripción en el Registro Civil del recién nacido. Trabajamos con situaciones, que de alguna forma están vinculadas a lo ilícito. En este caso, me refiero a que un código nacional de un país reconoce el derecho universal y gratuito a ser inscripto en el Registro Civil al momento de nacer, pero al momento la inscripción se cobra. O que no se permita a algunas comunidades, por ejemplo las indígenas, inscribir al niño con el nombre indígena, con el nombre que la familia ha querido elegir. Se calcula que aproximadamente un 17% de los niños que nacen no es inscripto. Y esto es muy importante porque el registro del nacimiento es el derecho a tener derechos; es la puerta, la llave a la ciudadanía. Si un niño no está inscripto en el Registro Civil no consta su existencia, y ese niño está condenado a ser excluido de la salud, de la educación y de todos esos caminos que lo van a llevar a convertirse en ciudadano. Como ejemplos, en Nicaragua la tasa de subregistros es altísima; en Bolivia también, principalmente en las zonas indígenas y en las zonas urbanas marginales.

  Éste es un buen momento para empezar a hacer estos trabajos. Creo que este año vamos a editar junto con la Iglesia Católica un manual de buenas prácticas para exportar a otros países, para ver si, ampliando nuestras metodologías, se puede llegar a un mayor número de ciudadanos.

  En principio, me ofrezco a colaborar con todos ustedes en la promoción de este tipo de campañas de registro de nacimientos que es el primer derecho de un niño una vez que ha nacido vivo. El objetivo es que en 2010, todos los niños de América estén inscriptos en el Registro Civil y para eso necesitamos trabajar con quienes tienen acceso a la comunidad, los que pueden informar de por qué es necesario inscribir a un hijo, que no hay que esperar a que pase un año de vida para ver si sobrevive o no sobrevive, que hay que inscribirlo en el momento en que nace.

  Estamos trabajando también con el CELAM en la prevención del HIV, más conocido como SIDA. Las cifras tienen que empezar a alarmarnos a todos, pues indican una situacion muy grave. Lo que ha pasado en África se puede producir en esta región. En África el número de enfermos de SIDA no ha crecido porque sean más promiscuos que aquí; ha aumentado porque las condiciones de vida son peores. La región tiene serios problemas de desnutrición y de hacinamiento en las comunidades. Éstos son factores que han hecho que la epidemia del SIDA se expanda. Podemos enfrentar en nuestra región un problema similar, y tenemos que abordarlo con seriedad y con ética; eso significa hablar con claridad de cómo se puede prevenir. En el Caribe las cifras han crecido de forma alarmante; la población afectada es heterosexual y también están siendo afectados los niños. El número de huérfanos a causa de SIDA también está creciendo; estos niños empiezan a dar signos de estar estigmatizados y discriminados a causa de una enfermedad de la que no tienen culpa y de la cual son víctimas.

  También estamos trabajando con el CELAM en la educación por la paz. Ha habido experiencias en Guatemala, El Salvador, Colombia, el Brasil y el Perú, pero todavía nos queda mucho por hacer. Tenemos un sistema educativo que tampoco responde a las necesidades de nuestros niños en la región. A pesar que se dice que un 90% está matriculado en la educación primaria, esa cifra no responde realmente al número de niños que asiste a clase todos los días. Una cosa es estar matriculado y otra asistir a la escuela. Ocurre que el sistema es expeditivo y rechaza a los niños, porque no está preparado todavía para aceptar la diversidad. Entonces se quedan los que responden al modelo que se ha impuesto en ese centro, y los demás van cayendo de a poco.                       

  Además nos encontramos hoy, con que los maestros y profesores no tienen todavía el reconocimiento social que se merecen, y eso hace que se abandone la formación continua. Es necesario que tengan sueldos dignos, los mismos reflejan como ha ido devaluándose la figura del maestro. El maestro era esa persona que tenía inclusión moral, en este momento un maestro no es nadie. Hay que estimular el sistema de enseñanza para que capacite a sus profesionales, para que los trate con dignidad y les permita la retención de los niños en las escuelas. Hay que revisar los reglamentos de los centros y hacer que los adolescentes participen en esa revisión porque, si bien vivimos hablando de la inclusión de los adolescentes, nunca les hemos abierto un espacio en decisiones sobre la educación, los juegos y la familia. Rara vez sabemos qué piensan los adolescentes; o lo sabemos pero no lo tenemos en cuenta.

  Se estima que en la región sólo tres niños de cada cinco terminan la primaria. Terminar el quinto grado significa que el niño sabe contar y escribir. La ausencia de una educación de calidad nos lleva a perpetuar la pobreza, la explotación y la esclavitud, cada uno desde su parcela, seguro que podemos hacer mucho.

  Tenemos que hablar de esto en voz alta; no nos tiene que dar vergüenza porque estamos hablando de derechos y cuando hablamos de derechos no le hacemos daño a nadie, sino que generamos una cultura de ética, de tolerancia, de respeto.Tenemos que hablar, cada uno desde sus estrados a sus audiencias, reclamemos los derechos, el derecho a la salud, a la educación, a la identidad. Derechos que contribuyan a sociedades en las que no sólo tengamos buenos centros de internación y buenas cárceles, sino que también evitemos que la gente termine allí porque no ha encontrado una oportunidad digna de vida.

(Ir a la conferencia de Buenos Aires, documento pdf)