Hna. Celeste Derr
Hna. Celeste Derr
Hermanas de Maryknoll trabajando en Quiché, Guatemala.
“Para entender la pobreza en el Quiché, hay que tratar de imaginarse cómo es la vida de un indígena: día a día ve que los demás ganan más que él, que a nadie le importa su opinión y que piensan que es un ignorante y sucio. Como nunca tuvo la oportunidad de aprender español, no puede defender sus derechos. Es más, ni siquiera puede aprender español en la escuela porque el maestro no comprende su idioma o porque hay más de 65 alumnos de edades muy variadas en una misma aula; y a veces ni siquiera hay maestros. Si es una niña, peor aún, porque entonces quizás su padre quiera venderla al cumplir los 15 años, ya que “no vale para nada más que para tener hijos”.
En zonas indígenas, si queremos que todos los niños tengan el derecho a estudiar sin fracasar en el sistema, con más motivación y más comprensión por parte de sus padres y familia, debemos hacer un trabajo muy grande; y más profundo aún, si queremos que sean personas respetadas, con gran autoestima y confianza en sí mismos. Sabemos que la falta de recursos económicos es el principal problema, por ello al no contar con la atención adecuada del sistema público, y sin la ayuda de personas generosas e instituciones dedicadas a la educación, no habría manera de que miles de niños pobres puedan aprovechar una educación formal, aunque ésta esté garantizada en las constituciones. Con relación a esto es importante que las instituciones hagan lo que dicen, lo cual no siempre ocurre.
He trabajado para impartir educación a través de la radio. En el departamento de Quiché, fueron inscriptos 2.600 alumnos en el Programa de Educación Radiofónica IER, en el año 2000, pero sólo el 30% escuchaba o podía escuchar la radio y, por tanto, tenía acceso a esa forma de educación.
Al recibir dinero para estudiar, muchos jóvenes tienen que dejar a sus familias, por lo cual no pueden recibir consejos de sus padres - lo que es importante en la cultura indígena-, sintiéndose abandonados. Otro problema es que muchos padres no han tenido oportunidad de estudiar; por lo tanto, la motivación que pueden darles a sus hijos en cuanto a la educación es limitada. En consecuencia, muchos niños abandonan la escuela para trabajar en el campo, o en fincas, o en la ciudad, por poco dinero.
Al recibir esta invitación, solicité a los jóvenes su opinión sobre lo que yo debía decir. Todos los jóvenes estuvieron de acuerdo en que, lo principal es incentivar el respeto y la tolerancia entre culturas, acentuar la igualdad entre hombres y mujeres, y practicar el respeto mutuo.
(Ir a la conferencia de Buenos Aires, documento pdf)
Hermanas de Maryknoll trabajando en Quiché, Guatemala.
“Para entender la pobreza en el Quiché, hay que tratar de imaginarse cómo es la vida de un indígena: día a día ve que los demás ganan más que él, que a nadie le importa su opinión y que piensan que es un ignorante y sucio. Como nunca tuvo la oportunidad de aprender español, no puede defender sus derechos. Es más, ni siquiera puede aprender español en la escuela porque el maestro no comprende su idioma o porque hay más de 65 alumnos de edades muy variadas en una misma aula; y a veces ni siquiera hay maestros. Si es una niña, peor aún, porque entonces quizás su padre quiera venderla al cumplir los 15 años, ya que “no vale para nada más que para tener hijos”.
En zonas indígenas, si queremos que todos los niños tengan el derecho a estudiar sin fracasar en el sistema, con más motivación y más comprensión por parte de sus padres y familia, debemos hacer un trabajo muy grande; y más profundo aún, si queremos que sean personas respetadas, con gran autoestima y confianza en sí mismos. Sabemos que la falta de recursos económicos es el principal problema, por ello al no contar con la atención adecuada del sistema público, y sin la ayuda de personas generosas e instituciones dedicadas a la educación, no habría manera de que miles de niños pobres puedan aprovechar una educación formal, aunque ésta esté garantizada en las constituciones. Con relación a esto es importante que las instituciones hagan lo que dicen, lo cual no siempre ocurre.
He trabajado para impartir educación a través de la radio. En el departamento de Quiché, fueron inscriptos 2.600 alumnos en el Programa de Educación Radiofónica IER, en el año 2000, pero sólo el 30% escuchaba o podía escuchar la radio y, por tanto, tenía acceso a esa forma de educación.
Al recibir dinero para estudiar, muchos jóvenes tienen que dejar a sus familias, por lo cual no pueden recibir consejos de sus padres - lo que es importante en la cultura indígena-, sintiéndose abandonados. Otro problema es que muchos padres no han tenido oportunidad de estudiar; por lo tanto, la motivación que pueden darles a sus hijos en cuanto a la educación es limitada. En consecuencia, muchos niños abandonan la escuela para trabajar en el campo, o en fincas, o en la ciudad, por poco dinero.
Al recibir esta invitación, solicité a los jóvenes su opinión sobre lo que yo debía decir. Todos los jóvenes estuvieron de acuerdo en que, lo principal es incentivar el respeto y la tolerancia entre culturas, acentuar la igualdad entre hombres y mujeres, y practicar el respeto mutuo.
(Ir a la conferencia de Buenos Aires, documento pdf)

