Pastor Vicente Reyes, Iglesia Centroamericana
Pastor Vicente Reyes, Iglesia Centroamericana
Donde ha estado la iglesia cuando comenzó la explosión de la rebeldía juvenil? Estábamos peleándonos, tratando de ver cual era la iglesia principal, la madre y la mejor y hemos invertido tanto en como debemos responder a la iglesia de la competencia. Suena en mis oídos como si lo hubiera vivido cuando Cristo clavado en la cruz dijo: “Tengo sed!” y no era sed de agua porque despreció lo que le ofrecieron, era sed de justicia, de amor, de que su iglesia cumpliera su obra en esta tierra, pero nos hemos convertido en una caricatura de lo que podría ser la iglesia deL Señor, en una iglesia a la que solo interesa el número y crecer pero no nos interesa la gente que llega. Por otro lado, pastores corruptos, que roban niñas de sus iglesias y abandonan su familia, sacerdotes que violan niños, como confiar en la iglesia cuando tenemos esa experiencia?
Yo fui adicto a las drogas y doy gracias a Dios porque no he olvidado de donde salí, porque siento una carga tremenda por esos muchachos, cuando yo era como ellos hubo alguien que se acercó y me tendió la mano y me hizo ver la necesidad de salir de donde estaba. Me duele cuando escucho en la radio que los pastores de las iglesias dicen que los mareros son personas irrecuperables, porque Dios puede cambiar el corazón del hombre, el mas peligroso de todos.
Yo vivo en la colonia El Pedregal y decidí irme a vivir allí porque allí es donde está la iglesia de la cual soy pastor, alrededor de esta iglesia viven varios cabecillas de maras. Quise hacer un análisis de lo que sucedía donde hay cinturones de miseria y durante el periodo del Mitch me di cuenta que al vivir en una miseria de ese tipo, cuando se comparte todo entre mas de 8 personas es fácil ser presa de la violencia, donde se vende mas alcohol que leche, es mentira que las oportunidades son para todos estos. Estos muchachos no tienen oportunidad de nada, van a la escuela sin comer y en lugar de recibir una educación reciben mal formación, donde los llamados educadores no cumplen con su función, cuando la policía no puede ver a un muchacho salir de esas colonias porque los tachan de mareros y delincuentes. En mi iglesia hay varios muchachos ex integrantes de maras y no se pueden parar libremente en una esquina porque la policía los acosa y los acusa.
Mi hijo tiene 19 años y en una ocasión lo envié a la farmacia a las 9 de la noche por una medicina y la policía lo agarró y lo acusó de delincuente, me fui a pelear por mi hijo, encaré al policía por el trato que le daban a mi hijo. Tuve oportunidad de trabajar con una niña de 14 años que me contó sobre todos los maltratos y abusos de lo que fue objeto por parte de la policía y los jueces. Estamos en un mundo propiciador de violencia y el ultimo reducto de confianza que sería la iglesia tampoco lo es cuando vemos todas las situaciones de violencia que se dan a lo interno de la misma iglesia.
Cerca de nuestra iglesia había unos muchachos ex integrantes de maras, (no me gusta usar ese termino, me duele usarlo porque no quiero hacerlos sentir mal); estos muchachos estaban pequeños cuando yo llegué a esta iglesia pero se desviaron porque no les prestamos la atención debida y llegaron a ser reconocidos delincuentes y grandes dirigentes de la Mara 18. Cuando uno trata de cerca a estos muchachos se da cuenta que no son tan violentos, un día llegué a la iglesia a orar temprano y ellos se me aparecieron allí, dijeron que estaban cuidando la iglesia y cuando les dije que Cristo los ama y que se acercaran a la iglesia mejor se fueron. Lamentablemente la policía los atrapó y van a pasar bastante tiempo en la cárcel; a uno de ellos lo golpearon salvajemente, y yo que miraba sentía que era a mi a quien golpeaban. El se entregó sin resistencia; los policías lo esperaron afuera y tenían a su hermana apuntàndole con un arma, la policía lo que quería era a el a costa de lo que fuera, no respetaron su humanidad, lo golpearon sin darle oportunidad a que se defendiera, aun esposado, me acerque a el y le dije: “voy a seguir orando por ti porque Cristo te ama”, el policía me dijo: “ore por nosotros porque nosotros somos los que nos arriesgamos por estos delincuentes”. Eso me dolió mucho y le dije que delante de los ojos de Dios todos somos iguales.
Podríamos pasar días enteros hablando de las necesidades de estos jóvenes, pero ahora debemos unirnos todos como iglesia porque adoramos al mismo Cristo, unir fuerzas para atender a estos muchachos que lo necesitan, y poder devolverles todo el afecto que les hemos quitado y suplir sus necesidades, nuestra obligación es devolverles todo, como dice la Biblia, que lo que hicimos a los mas pequeños a El se lo hicimos.
(Ir a la conferencia de Tegucigalpa, documento pdf)
Donde ha estado la iglesia cuando comenzó la explosión de la rebeldía juvenil? Estábamos peleándonos, tratando de ver cual era la iglesia principal, la madre y la mejor y hemos invertido tanto en como debemos responder a la iglesia de la competencia. Suena en mis oídos como si lo hubiera vivido cuando Cristo clavado en la cruz dijo: “Tengo sed!” y no era sed de agua porque despreció lo que le ofrecieron, era sed de justicia, de amor, de que su iglesia cumpliera su obra en esta tierra, pero nos hemos convertido en una caricatura de lo que podría ser la iglesia deL Señor, en una iglesia a la que solo interesa el número y crecer pero no nos interesa la gente que llega. Por otro lado, pastores corruptos, que roban niñas de sus iglesias y abandonan su familia, sacerdotes que violan niños, como confiar en la iglesia cuando tenemos esa experiencia?
Yo fui adicto a las drogas y doy gracias a Dios porque no he olvidado de donde salí, porque siento una carga tremenda por esos muchachos, cuando yo era como ellos hubo alguien que se acercó y me tendió la mano y me hizo ver la necesidad de salir de donde estaba. Me duele cuando escucho en la radio que los pastores de las iglesias dicen que los mareros son personas irrecuperables, porque Dios puede cambiar el corazón del hombre, el mas peligroso de todos.
Yo vivo en la colonia El Pedregal y decidí irme a vivir allí porque allí es donde está la iglesia de la cual soy pastor, alrededor de esta iglesia viven varios cabecillas de maras. Quise hacer un análisis de lo que sucedía donde hay cinturones de miseria y durante el periodo del Mitch me di cuenta que al vivir en una miseria de ese tipo, cuando se comparte todo entre mas de 8 personas es fácil ser presa de la violencia, donde se vende mas alcohol que leche, es mentira que las oportunidades son para todos estos. Estos muchachos no tienen oportunidad de nada, van a la escuela sin comer y en lugar de recibir una educación reciben mal formación, donde los llamados educadores no cumplen con su función, cuando la policía no puede ver a un muchacho salir de esas colonias porque los tachan de mareros y delincuentes. En mi iglesia hay varios muchachos ex integrantes de maras y no se pueden parar libremente en una esquina porque la policía los acosa y los acusa.
Mi hijo tiene 19 años y en una ocasión lo envié a la farmacia a las 9 de la noche por una medicina y la policía lo agarró y lo acusó de delincuente, me fui a pelear por mi hijo, encaré al policía por el trato que le daban a mi hijo. Tuve oportunidad de trabajar con una niña de 14 años que me contó sobre todos los maltratos y abusos de lo que fue objeto por parte de la policía y los jueces. Estamos en un mundo propiciador de violencia y el ultimo reducto de confianza que sería la iglesia tampoco lo es cuando vemos todas las situaciones de violencia que se dan a lo interno de la misma iglesia.
Cerca de nuestra iglesia había unos muchachos ex integrantes de maras, (no me gusta usar ese termino, me duele usarlo porque no quiero hacerlos sentir mal); estos muchachos estaban pequeños cuando yo llegué a esta iglesia pero se desviaron porque no les prestamos la atención debida y llegaron a ser reconocidos delincuentes y grandes dirigentes de la Mara 18. Cuando uno trata de cerca a estos muchachos se da cuenta que no son tan violentos, un día llegué a la iglesia a orar temprano y ellos se me aparecieron allí, dijeron que estaban cuidando la iglesia y cuando les dije que Cristo los ama y que se acercaran a la iglesia mejor se fueron. Lamentablemente la policía los atrapó y van a pasar bastante tiempo en la cárcel; a uno de ellos lo golpearon salvajemente, y yo que miraba sentía que era a mi a quien golpeaban. El se entregó sin resistencia; los policías lo esperaron afuera y tenían a su hermana apuntàndole con un arma, la policía lo que quería era a el a costa de lo que fuera, no respetaron su humanidad, lo golpearon sin darle oportunidad a que se defendiera, aun esposado, me acerque a el y le dije: “voy a seguir orando por ti porque Cristo te ama”, el policía me dijo: “ore por nosotros porque nosotros somos los que nos arriesgamos por estos delincuentes”. Eso me dolió mucho y le dije que delante de los ojos de Dios todos somos iguales.
Podríamos pasar días enteros hablando de las necesidades de estos jóvenes, pero ahora debemos unirnos todos como iglesia porque adoramos al mismo Cristo, unir fuerzas para atender a estos muchachos que lo necesitan, y poder devolverles todo el afecto que les hemos quitado y suplir sus necesidades, nuestra obligación es devolverles todo, como dice la Biblia, que lo que hicimos a los mas pequeños a El se lo hicimos.
(Ir a la conferencia de Tegucigalpa, documento pdf)

