Srta. Nicolasa Tavico
Srta. Nicolasa Tavico
Profesora en Quiché, Guatemala
Yo tenía cinco años cuando empecé a trabajar como empleada doméstica. En 1980, durante un conflicto armado interno, mi hermano mayor fue baleado cerca de mi casa y nunca más supimos nada de él. Cuando tenía seis años, mi casa fue destruida y quemada por el Ejército.
Al año fui a trabajar a una finca para ganar un poco de dinero para alimentarnos. Tenía nueve años cuando ingresé en la escuelita de Rejuyu, porque en mi comunidad no había escuela. A veces mi maestro llegaba borracho y fumaba mientras daba las clases. Terminé segundo grado, pero mi propio maestro se negó a que yo continuara, por lo que dejé los estudios durante cuatro años. En 1990 busqué la manera de terminar mi educación primaria. La única solución fue alquilar una habitación en el pueblo, que estaba a cuatro horas a pie desde mi casa. Tanto en la posada como en la escuela fui maltratada y recibí incontables humillaciones a causa de mi condición de indígena.
Finalmente logré completar el sexto grado gracias al programa radiofónico IER. Como la señal de la radio no llegaba a casa, caminaba ocho horas, ida y vuelta, cada semana para poder estudiar.
Al año siguiente ingresé en un internado de niñas. Las ayudaba mientras estudiaba en un instituto básico de 6 a 10 de la noche. En 1995 quise estudiar la carrera de Educación para el Hogar, pero no pude aprobar el examen de admisión. La hermana Celeste luchó por mi entrada, pero para no separarme más de mi familia, decidí desistir. Entré a estudiar Secretariado bilingüe y continué trabajando en el internado de niñas. Ese año fue peor todavía porque nunca antes había estudiado inglés ni taquigrafía. Finalmente, y por primera vez en mi vida, no pude aprobar el año. Sin embargo, pude luego entrar en la carrera que había soñado toda mi vid: Educación para el Hogar.
En el Instituto Indígena aprendí a valorarme y al mismo tiempo desarrollé mi autoestima. Hoy trabajo en mi profesión con el deseo de continuar mis estudios en la Universidad. Con mi sueldo ayudo a mis hermanos.
(Ir a la conferencia de Buenos Aires, documento pdf)
Profesora en Quiché, Guatemala
Yo tenía cinco años cuando empecé a trabajar como empleada doméstica. En 1980, durante un conflicto armado interno, mi hermano mayor fue baleado cerca de mi casa y nunca más supimos nada de él. Cuando tenía seis años, mi casa fue destruida y quemada por el Ejército.
Al año fui a trabajar a una finca para ganar un poco de dinero para alimentarnos. Tenía nueve años cuando ingresé en la escuelita de Rejuyu, porque en mi comunidad no había escuela. A veces mi maestro llegaba borracho y fumaba mientras daba las clases. Terminé segundo grado, pero mi propio maestro se negó a que yo continuara, por lo que dejé los estudios durante cuatro años. En 1990 busqué la manera de terminar mi educación primaria. La única solución fue alquilar una habitación en el pueblo, que estaba a cuatro horas a pie desde mi casa. Tanto en la posada como en la escuela fui maltratada y recibí incontables humillaciones a causa de mi condición de indígena.
Finalmente logré completar el sexto grado gracias al programa radiofónico IER. Como la señal de la radio no llegaba a casa, caminaba ocho horas, ida y vuelta, cada semana para poder estudiar.
Al año siguiente ingresé en un internado de niñas. Las ayudaba mientras estudiaba en un instituto básico de 6 a 10 de la noche. En 1995 quise estudiar la carrera de Educación para el Hogar, pero no pude aprobar el examen de admisión. La hermana Celeste luchó por mi entrada, pero para no separarme más de mi familia, decidí desistir. Entré a estudiar Secretariado bilingüe y continué trabajando en el internado de niñas. Ese año fue peor todavía porque nunca antes había estudiado inglés ni taquigrafía. Finalmente, y por primera vez en mi vida, no pude aprobar el año. Sin embargo, pude luego entrar en la carrera que había soñado toda mi vid: Educación para el Hogar.
En el Instituto Indígena aprendí a valorarme y al mismo tiempo desarrollé mi autoestima. Hoy trabajo en mi profesión con el deseo de continuar mis estudios en la Universidad. Con mi sueldo ayudo a mis hermanos.
(Ir a la conferencia de Buenos Aires, documento pdf)

